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El puñal maldito

El puñal maldito

Varias familias se hallaban acampando a la orilla del río. Se trataba de una reunión de scouts jóvenes y veteranos en los que todos los participantes debían contar una historia de miedo.

Era el turno de Edgar y escogió referir una de sus historias de terror preferidas. Durante su intervención fue interrumpido en innumerables ocasiones por sus compañeros de patrulla, quienes le gritaban que esa ya era una historia muy vieja y por tanto su fábula no asustaría ni a una niña pequeña.

Enfadado, el hermano mayor del muchacho se levantó del piso y vociferando algunos improperios les ordenó que se callaran. Esa situación provocó que otro de los adultos también se incorporará del césped con el fin de confrontarlo cara a cara.

– No te metas en asuntos que son de niños. O ¿acaso tu hermano no es lo suficientemente grande como para defenderse sólo?

El pariente del narrador del cuento no respondió al comentario y en cambio comenzó a lanzarle puñetazos de forma incontrolada al otro interlocutor. Obviamente, ambos hombres comenzaron una violenta pelea.

Mientras tanto, Edgar quien había decidido dar por concluida su historia, observaba como su fraterno estaba tirado junto al río.

– ¡Ya basta Axel! Él es mucho más fuerte y grande que tú. No podrás vencerlo, mejor discúlpate. Exclamó Edgar.

– ¡Cállate Edgar! Esta disputa se termina ahora. Contestó su hermano.

Como pudo el hermano del chico logró zafarse de su agresor y saltó al río, pues alcanzó a ver que había un puñal atorado en una roca.

Por más intentos que hizo, la daga parecía alejarse más y más de su mano. Era como si algo empujara la roca haciéndole imposible alcanzar la navaja.

Entretanto los otros miembros de la reunión trataban de advertirle al hombre que no siguiera nadando a contracorriente, pues pronto se cansaría y su cuerpo sería arrastrado hacia una zona rocosa.

Eso fue lo que desgraciadamente ocurrió, el hermano de Edgar se quedó sin fuerzas y su cabeza terminó destrozada en una pared de piedra. Se dice que de vez en cuando el río reclama un alma y que utiliza al puñal como cebo.